Artículo extraído de la revista PEGASUS Año 1 N° 1 – Septiembre – Noviembre 1996

ATRACTIVO OCULAR                                         

La determinación del precio de la moneda antigua

Por Damián Salgado

A menudo me han preguntado cuáles son los factores que determinan el valor de una moneda arqueológica. Se trata de una excelente pregunta, ya que, a diferencia   del mero hobby de coleccionar, por ejemplo, monedas argentinas (donde los únicos factores serios que intervienen son la rareza, la denominación y el estado de conservación de la pieza), el esquema de variables que fijan el precio de una moneda antigua es mucho más complejo e interesante.

Por lo pronto, debemos dejar aclarado que ésta es la parte de nuestra especialidad que tiene menos que ver con la “ciencia”, ya que el corazón de la numismática arqueológica radica en la ciencia numismática como auxiliar de la historia. La determinación del valor de una pieza, en cambio, tiene que ver más con la estética y las leyes del mercado; y más que una “ciencia” se trata más bien de una técnica, o “arte”. Por último digamos que, como en todo, los únicos factores que determinan el precio de una pieza son dos: oferta y demanda. Lo que nos interesa aquí analizar, básicamente, es cuales son los determinantes de la demanda; a tal fin, podemos considerar diversos factores, que dividiremos en dos grupos: Intrínsecos y extrínsecos.

a) Factores Intrínsecos:

Son los que hacen a la moneda en sí, a un ejemplar en particular. Casi todo, en este campo, se reduce a contenidos estéticos. Entre éstos, son de relieve:

•  El grado de conservación: En esta clase de piezas, el grado de conservación (nos referimos aquí exclusivamente al “desgaste”) es fundamental. Una pieza en mejor estado es estéticamente más atractiva, y además brinda mayor información al estudioso.

La calidad de la acuñación: Piezas soberbia y parejamente acuñadas serán mucho más deseables que ejemplares descentrados o con áreas débiles. Una moneda mal acuñada puede aparecer con un simple “VF” cuando en realidad está tal cual como recién salida del cuño. La calidad del golpe es esencial. Por otro lado, de ciertas series se espera un mayor o menor margen de error que otras. Piezas particularmente bien acuñadas dentro de series que suelen ser muy crudas siempre ameritan una prima, que puede llegar al precio de varios ejemplares.

•  La calidad del metal y del cospel: Con respecto a esto, vale lo dicho en el punto anterior: Monedas porosas, de metal menos puro que lo esperado para una determinada pieza, cospeles rotos o manifiestamente deformes, etc. serán siempre menospreciadas y, si bien no es válido enunciar un estado menor de conservación para estas piezas, su valor puede caer muy abajo. Por el contrario, una inusual buena calidad de metal o de cospel pueden dar lugar a una prima.

•  Daños posteriores a la acuñación: Rayones (scratches), golpes, perforaciones, graffitis marcas de banqueros, cortes de prueba, etc., serán también decisivos a la hora de determinar el valor. A fin de cuantificar su importancia, deberá atenderse a cómo modifica la percepción general del espécimen.

•  Modificaciones químicas; patinacion: Por último, llegamos al importante punto de la pátina. Se conocen cientos de variedades de pátina, algunas más apreciadas que otras. En ciertas monedas, se espera una “pátina chocolate”; en otras, una “pátina esmeralda”. La pátina es una reacción química que altera positivamente a las piezas de bronce y cobre, agregándoles atractivo y valor. Para las monedas de plata, en cambio, hablamos de “entonación”, que puede ser gris, dorada, tornasolada, dependiendo del estado de la pieza y la calidad del metal.

Pero las pátinas y tonos no son, por desgracia, las únicas alteraciones químicas que pueden afectar a una moneda: las hay que pueden degradar a una pieza, hasta reducir su valor a casi nada. Las más frecuentes son la corrosión y la “enfermedad del bronce”, para el metal bajo, y el cloruro o nitrato de plata ( horn silver ) para dicho metal precioso. Todos los metales, por otro lado, (salvo el oro, por supuesto, ya que es inalterable) se mineralizan, o “cristalizan”, volviéndose las monedas quebradizas como si fueran de arcilla.

b) Factores extrínsecos:

Son los que hacen a la moneda en general, o más bien a la especia a la que pertenece:

•  La coleccionabilidad: La demanda estará en función de la coleccionabilidad de la pieza. Esta estará fijada por la rareza, pero también por la demanda de determinada serie. Dentro de las series arqueológicas propiamente dichas, la moneda estrella es la moneda imperial romana, en particular la del período conocido como “Alto Imperio” (27 AC – 286 DC), especialmente la moneda anterior al 238 DC. Podemos decir que a partir de ese año se registra una álgida inflación, y la moneda romana pierde calidad artística y técnica. Pero también otras monedas son altamente coleccionables. Algunas series griegas, y en especial nuevas series “emergentes”, que hasta hace poco se podían adquirir por precios muy económicos, se están convirtiendo en series muy buscadas, que duplican y cuadriplican sus precios de año en año: La numismática del Imperio Parto es un buen ejemplo.

•  El atractivo estético: Al margen de las características intrínsecas de la moneda, muchas piezas son bien pagadas por el simple hecho de que son hermosas. Aunque parezca mentira, este es un factor a tener muy en cuenta al momento de fijar el valor de una pieza. Características estilísticas sobresalientes son siempre muy bienvenidas por los coleccionistas de piezas arqueológicas que son, antes que nada, amantes de la belleza. Es por ello que la numismática arqueológica no sólo es ciencia, sino también tiene contenidos artísticos, es decir estéticos y estilísticos.

•  La Historicidad: Ciertas monedas, por último, deben su valor sobresaliente al contenido histórico de las mismas. Si esto viene ligado a otras características, tales como rareza, o belleza, el valor de una determinada acuñación puede ser muy alto, pues la moneda es entonces altamente deseable. Tal sucede con las “lechuzas” de Atenas, que sin ser raras, son monedas altamente atractivas y muy históricas. Su valor es sensiblemente superior al que debería ser meramente por rareza.

 

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