Artículo extraído de la revista PEGASUS Año 2 N° 3 – Marzo – Mayo 1997

“FALSIFICACIONES”                                               

Consejos útiles para principiantes

Por Damián Salgado

Introducción

Siguiendo la línea didáctica de otros artículos bajo mi pluma, y en calidad de experto a cargo de clasificación y certificación de piezas para PEGASUS , hemos creído interesante apuntar algunas observaciones útiles sobre un tema que sin duda preocupa a todos los que se inician en esta fascinante área.

Mitos y prejuicios

Dado que se han coleccionado monedas arqueológicas (especialmente romanas y griegas) desde el renacimiento o aún antes, podemos decir sin temor a exagerar que, en esta área, las falsificaciones con objeto de defraudar a los coleccionistas son “rampantes”, es decir abundantísimas y, a menudo, bastante buenas.

Sin embargo, este hecho no debe desalentar al coleccionista, ni mucho menos hacerle olvidar su afición, que sin duda le deparará infinitamente más alegrías que decepciones. Es importante hacer notar que existe gente que desconfía sistemáticamente de todo ejemplar que se le presenta; esta clase de pseudo-expertos, a menudo muy pretenciosos, tachan de falsa cualquier moneda, condenando la mayor parte de las veces ejemplares auténticos, con la gravedad que este hecho implica. Es que es muy fácil aparecer como un especialista denunciando una pretendida falsificación, lo cual ahorra una muchas horas de análisis, sin comprometerse el pretendido “experto” en absoluto. El auténtico especialista no tiene dudas, cuando se le presenta un ejemplar de un tipo de moneda que conoce bien, en dar su veredicto de falsa o auténtica.

Como buen abogado que soy, yo creo que debe otorgarse, al igual que sucede con un acusado, una presunción de inocencia a toda moneda en la cual no existan evidencia de falsificación o adulteración. Sin embargo, existe un largo trecho entre este punto y comprar directamente una moneda, o recomendar o permitir que otra persona la compre. Para así hacerlo, debe tratarse de un tipo de moneda que conozcamos bien, o cuyo origen esté de algún modo asegurado o certificado por quien sí lo conozca.

Como siempre he dicho, cualquiera que pretenda no haber sido jamás engañado con una falsificación es un necio, que sin duda posee varias en su colección. Afortunadamente, como coleccionista de monedas arqueológicas (especialmente romanas) que soy desde los 12 años de edad, he tenido la “suerte” de adquirir muchas falsificaciones en mis primeros años, y a precio muy razonable; algunas de ellas son bastantes buenas.

Falsificaciones

Dejando de lado las falsificaciones de época y las monedas de plata “fourre” (a todo lo cual me gustaría dedicar un articulo en el futuro), podemos clasificar a las falsificaciones modernas en tres familias principales:

a) Acuñadas : Su calidad depende en gran medida de la capacidad artística del falsificador. En general, son muy fáciles de descubrir para el experto que conoce bien el tipo de monedas en particular. Es un método muy costoso, que demanda el grabado de cuños, y el falsificador comete prácticamente siempre algún error. Conviene prestar atención particularmente a la epigrafía y al estilo del retrato, que casi siempre “dicen la verdad”. Es muy raro encontrar falsificaciones fundidas de grandes bronces (son difíciles de acuñar); lo usual es encontrar monedas de plata. Sin embargo, existen las famosas “Padovanas”, obra de Giovanni Cavino, un grabador italiano del Siglo XVI. Son casi todos sestercios, y se reconocen inmediatamente por su estilo. La mayoría de las piezas padovanas que aparecen hoy en día en el mercado son fundiciones tardías; sin embargo, alcanzan precios más o menos respetables. Un alemán, Becker, fue el más famoso falsificador que haya labrado jamás un cuño. Trabajó a principios del Siglo XIX. Sus piezas son todas de oro y plata, y también se reconocen por su estilo. Generalmente son más pesadas que los originales, y son muy buscadas por los coleccionistas hoy en día.

Las falsificaciones acuñadas sobre cospeles de monedas originales, son las más peligrosas de todas; el canto luce antiguo y, salvo que alguna característica del diseño llame mucho la atención, si esta bien lograda, podría incluso ser pasada por alto por un experto que no la observara detenidamente. Si se ve un bajotipo (es decir, el diseño de la moneda sobre la cual la pieza reacuñada) es obvio que éste debiera ser anterior al diseño reacuñado (ya que los antiguos solían también reacuñar monedas). Pero obviamente, no será suficiente para aseverar la autenticidad.

b) Fundidas :   Las piezas fundidas también varían en su peligrosidad según su autor, pero ninguna pieza fundida puede resistir exámenes minuciosos. Claro esta, que la mayor parte de las veces el único examen que podemos realizar es visual. En cuanto a esto, algunos consejos útiles: Primeramente, la observación del canto de la pieza que, en caso de ser fundida, mostrará en muchos casos una “comisura” (la juntura de ambos moldes, anverso y reverso) o bien señales de limaduras por la cual se ha eliminado la misma. En el campo de la pieza fundida, se advierten a menudo “porosidades” raras, no típicas de la pieza antigua, sino más bien “esponjosidades”, que son producto de los “globitos” formados en el metal en contacto con el molde. El examen no dañino más seguro que se puede practicar es el del peso específico. La mayoría de las piezas falsificadas por fundición (y esto implica el 90% de las falsificaciones)   no tienen la proporción correcta de metal. Finalmente, si es inevitable un examen del metal, la ausencia de oro (aparece siempre en la plata nativa, en una proporción de hasta un 2%), plomo (especialmente en el bronce romano), y otras impurezas que obviamente se eliminan en el metal moderno, nos dará la clave.

c) Adulteradas : Son las más raras de todas, pero pueden ser bastante peligrosas. En ellas, el artista fraguador, por ejemplo ha corregido la epigrafía y algunos rasgos del retrato, convirtiendo un denario de Julia Soaemias en otro de Annia Faustina, cien veces más raro. La moneda luce autentica por donde se la mire. Otra técnica de adulteración consiste en cortar dos monedas, generalmente dos anversos, pegándolas juntas (no por el borde, que es inmediatamente observado por los expertos), sino a la altura de la grafila. Así, se han unido en felices parejas a Heliogábalo con cada una de sus jóvenes esposas, y hasta a Hadriano con Antonino Pio, y otras combinaciones raras por el estilo, que ni siquiera existen.

Conclusión

El objeto de este estudio no es asustar al coleccionista, sino más bien, evitarle decepciones. El mejor consejo sigue siendo el mismo de siempre: que adquiera sus especimenes a comerciantes de confiables, que garanticen las piezas que venden, teniendo además buenos conocimientos o estando bien asesorados. En este sentido, no tememos en recomendar a nuestros propios anunciantes, cuya conducta conocemos bien, y con quienes nosotros mismos colaboramos, quienes además estarán dispuestos a evacuar cualquier consulta que desee hacerles.

 

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